La sexualidad involucra desde el aspecto físico hasta los sentimientos y emociones. La crianza y la educación, así como la edad, la cultura, la región geográfica, la familia y la época histórica, inciden directamente en la forma en que cada persona vive su sexualidad.
A través del tiempo, según la cultura y la sociedad, se han establecido comportamientos considerados como “correctos” (relaciones heterosexuales, coito vaginal) y otros “incorrectos” o prohibidos (masturbación, relaciones homosexuales, etc.). Estas calificaciones han pretendido controlar la vivencia de la sexualidad y no son, en forma alguna, verdades absolutas.
Así mismo, de generación en generación se han transmitido ideas sobre sexualidad que son falsas, inexactas y no tienen bases científicas sólidas, pues han surgido de creencias populares, de la intuición, de la desinformación y en algunos casos del miedo de las personas. El efecto de esas falsas creencias y de la información errónea es que pone a las personas en RIESGO, las imposibilita para asumir actitudes preventivas frente a su salud sexual y para disfrutar libremente de su sexualidad. Además, puede influenciar actitudes discriminatorias frente a otras personas.
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